Escrito por Eva Félix – psicóloga sanitaria de AFDA

Si has hecho click en este artículo, es porque quizás esta es una pregunta que venga a tu mente a menudo. O quizás lo has hecho por curiosidad, pero no sabes qué es eso de la batería social. Empecemos por aquí…

Comúnmente entendemos como batería social a la energía que sentimos para socializar. Cuando empezamos a notar el cansancio, la fatiga o la incomodidad en las interacciones sociales usamos esta metáfora de “tener la batería social baja”. Sin embargo, como te habrás podido dar cuenta, los humanos no somos un dispositivo electrónico que tenga que ser recargado constantemente para poder funcionar. En todo caso, siguiendo la metáfora de “recargarnos” podríamos hablar de necesidades básicas como el descanso, la alimentación, la pertenencia, o el acceso a la vivienda/lugar seguro.

Una de las grandes dicotomías en relación a este tema es cuando nos consideramos personas sociales y, sin embargo, notamos una gran descarga de energía cuando tenemos que interactuar con los demás. Si te sientes identificado/a con esta dicotomía, quizás también lo hagas con pensamientos como “¿Por qué lo paso tan mal si me gusta estar con gente?”, “¿por qué acabo tan cansado/a a pesar de estar con amigos/as de toda la vida?”, “¿por qué parece que a los demás les cuesta menos que a mí?” o “¿por qué me pasa esto si antes no?”.

Antes de continuar, vamos a seguir brevemente con la metáfora del dispositivo electrónico, por ejemplo, un móvil. El simple hecho de tener el móvil encendido hace que la batería baje, aunque sea un poco. Esto es lo mismo que nos pasa a los humanos, el simple hecho de estar vivos hace que consumamos energía, incluso estando dormidos. En otras ocasiones, la batería del móvil puede bajar más rápido, por ejemplo cuando hacemos uso de las redes sociales, hacemos una llamada o escuchamos música. Para nosotros los humanos esto sería equivalente a ir a trabajar, al colegio, hacer deporte, caminar, pensar, limpiar la casa, etc. Es decir, hay actividades que bajan más rápidamente nuestra batería, porque consumen energía.

Te planteo algo diferente en este artículo. Te voy a pedir que te imagines a ti mismo/a en alguna situación real y, a poder ser, cercana en la que hayas tenido que interactuar. Piensa por un momento: ¿qué estaba pasando en tu mente mientras hablabas con los demás? Porque aquí es donde la metáfora del móvil puede ayudarnos un poco más.

Hay veces en las que la batería no se gasta sólo porque estemos usando una aplicación concreta, sino porque tenemos muchas aplicaciones abiertas al mismo tiempo: Google Maps, Spotify, las notificaciones, las redes sociales, el correo, la cámara… Aunque no las estemos mirando constantemente, siguen funcionando en segundo plano y consumiendo batería.

Con las relaciones humanas puede ocurrir algo parecido. A veces no sólo estamos hablando con alguien, también estamos: pensando qué impresión estamos dando, comprobando si el otro está cómodo, interpretando gestos y silencios, comparándonos con los demás, intentando no molestar, buscando temas de conversación, rumiando sobre si hemos dicho algo raro o tratando de mantener la conversación para que el vínculo no se enfríe.

Es decir, la interacción visible es sólo una parte de lo que está ocurriendo. En segundo plano puede haber un gran número de “aplicaciones” mentales abiertas que consumen energía de forma continua.

Por eso, es posible que terminemos agotados, incluso después de pasar tiempo con gente que nos cae bien o a la que queremos. No necesariamente porque la relación sea mala o poco placentera, sino porque la cantidad de atención, vigilancia y esfuerzo interno que se pone es muy alto. La clave no siempre está en cuánto socializamos, sino en cómo y desde dónde lo hacemos.

En este punto puede ser útil hacerse algunas preguntas: ¿Estoy intentando agradar constantemente?, ¿me cuesta mostrar desacuerdo o poner límites?, ¿siento que debo estar pendiente de las necesidades emocionales de los demás?, ¿me exijo ser interesante, simpático/a o útil todo el tiempo?, ¿salgo de las conversaciones repasando lo que dije? Si varias de estas preguntas resuenan contigo, es posible que parte de ese cansancio no provenga de “tener que socializar”, sino de estar sosteniendo demasiadas cosas a la vez dentro de la interacción.

Notar agotamiento social no significa que haya algo “malo” en ti. A veces es una señal de que llevamos mucho tiempo funcionando con demasiadas “aplicaciones” abiertas: autoexigencia, hipervigilancia, miedo al rechazo, necesidad de encajar o dificultad para elegir. Quizás la pregunta no sea únicamente “¿por qué se me acaba la batería social?”, sino también “¿qué procesos internos están consumiendo tanta energía mientras me relaciono?”. Porque, igual que con el móvil, no siempre es la pantalla lo que más batería gasta. A veces lo que más consume es todo lo que permanece funcionando en segundo plano.

Ahora que hemos hablado un poquito más sobre este tema, quizás te hayas pillado a ti mismo/a haciendo algunas de estas acciones mentales. Callar a los pensamientos es algo complicado, pero la próxima vez que tu mente quiera dirigirte hacia esos procesos internos, a lo mejor la pillas. ¿Qué te gustaría hacer en esa situación? Si pudieras redirigir tu atención y tu energía en las relaciones sociales, ¿cambiarías algo?