Escrito por Alexandra Lafuente – psicóloga sanitaria de AFDA

Vivimos presos del automatismo de la sociedad. Rumiamos el pasado, nos preocupamos por el futuro y, mientras tanto, dejamos escapar los pequeños momentos del presente.

¿Qué hacemos cuando nos toca esperar? En la cola del supermercado, esperando nuestro turno en una oficina o en la sala de espera del médico… Los nervios aparecen. Incluso nos cuesta dejar de mover la pierna de arriba abajo, casi sin ser conscientes del movimiento ni del ruido que produce… ¿para qué? Ese movimiento no hará que las cosas vayan más deprisa, ni que el autobús llegue antes o que la fila avance… ¿por qué queremos vivir tan deprisa?

Vivimos pensando siempre en lo siguiente que tenemos que hacer. Y cuando por fin lo conseguimos, nuestra mente ya está ocupada con el siguiente objetivo. Siempre corriendo, siempre cansados/as, dejando escapar entre nuestras manos lo más importante de nuestra vida: vivirla.

Y cuando por fin llega el momento del descanso… ¿qué ocurre? Llega la noche, la hora de irnos a la cama. Dormimos cada noche, pero pocas veces descansamos de verdad. ¿Cuántas veces sientes que tu mente sigue funcionando cuando te echas a la cama? Vivimos rodeados de estímulos, pantallas, tareas pendientes, preocupaciones, conversaciones repasadas en nuestra mente una y otra vez… El cuerpo está agotado, pero la mente continúa acelerada.

¿Que solemos hacer cuando no podemos dormir? Damos vueltas en la cama, nos levantamos, abrimos la nevera, ponemos la tele, miramos el móvil, fumamos un cigarrillo o incluso nos tomamos una pastilla. Nos esforzamos por dormir, pero el sueño no aparece. El sueño no llega gracias al control ni al esfuerzo. Aparece cuando nos sentimos seguros y relajados. ¿Os imagináis que pudiéramos dormir en mitad de un terremoto? es lo que entiende nuestra mente cuando estamos en alerta, supervivencia. Cuanto más intentamos dormir, más activamos nuestro sistema nervioso. Dormir es una necesidad fisiológica; no necesitamos aprender a hacerlo. Nuestro cerebro ya sabe cómo hacerlo.

Para entenderlo mejor, pensemos en nuestro sistema nervioso. El sistema nervioso simpático es el encargado de la acción, de la supervivencia, de la lucha o la huida. En cambio, el sistema nervioso parasimpático favorece la recuperación, la digestión y el descanso. Cuando rumiamos, nos preocupamos o nos esforzamos por dormir, activamos el sistema simpático. Y, en ese estado, el sueño tiene más dificultades para aparecer.

Aquí es donde el mindfulness puede convertirse en un gran aliado. Su práctica favorece la activación del sistema parasimpático y nos ayuda a salir del modo de alerta. A veces, el primer paso para dormir mejor no es controlar más, sino soltar un poco. No es lo mismo decirse: «no puedo dormir» que observar con cierta distancia: «mi mente dice que no puede dormir» o «ahora mismo estoy despierto.» Ese pequeño cambio reduce la lucha interna, y la alerta.

La paciencia también forma parte del descanso. El cuerpo tiene sus propios ritmos. No todo puede acelerarse. Y este entrenamiento no empieza únicamente cuando nos acostamos. Empieza durante el día. Conecta contigo mientras esperas. Conecta con tus sentidos durante ese paseo hacia el trabajo o hacia casa. Observa los sonidos, los olores, la temperatura del aire o el contacto de tus pies con el suelo. Simplemente conecta. Vivimos demasiado desconectados del día a día y recuperar esos pequeños momentos de presencia también ayuda a llegar a la noche con una mente menos activada.

Cuando llegue la hora de dormir, vuelve a conectar con tu cuerpo. Observa tu respiración. ¿Es rápida o lenta? ¿Profunda o superficial? Siente el peso de tu cuerpo sobre el colchón. Percibe el contacto de las sábanas con tu piel. Suelta el control. No intentes dormir deprisa. No intentes relajarte cuanto antes. No luches por apagar los pensamientos. No funcionamos así. Y no pasa nada. Sé amable contigo.

Cierra los ojos.  
Visualízate en un lugar tranquilo. Un lugar que te transmita calma y paz.
Inhala durante cuatro segundos.
Mantén el aire unos instantes.
Exhala lentamente durante ocho segundos.
Y repite.
Inhala…
Exhala…
Inhala…
Exhala…
Quizá, cuando dejes de perseguir el sueño, sea él quien decida encontrarte.